Adiós Revolución Islámica

06/Ago/2012

La República, Egon Friedler

Adiós Revolución Islámica

EGON FRIEDLER PUBLICADO EL SÁBADO 4 DE AGOSTO, 2012
Recientemente un alto jefe de la Guardia Revolucionaria iraní advirtió a quienes llamó “árabes odiados” de las consecuencias de su eventual intervención en los asuntos sirios.
El editor del diario panárabe “Asharq Alawsat” de Londres, Tariq Alhomayed contestó en un artículo a esta advertencia no precisamente amistosa opinando que lo mejor no sería plantearse la interrogante de quienes son los “árabes odiados” sino formular la pregunta al revés: ¿Quiénes son los árabes amados por Irán?
Esta pregunta retórica le permite trazar un panorama acerca de las relaciones de la teocracia iraní con el mundo árabe poco conocido por estas latitudes. El primero en la lista es el Yemen; respuesta: no. Porque el presidente está tratando de mitigar el daño causado por la escandalosa revelación de la existencia de una red de espionaje iraní en Sanaa, la capital del Yemen, lo que le llevó a declarar que su país no toleraría esa intromisión. El segundo en la lista es Marruecos. La respuesta es no, porque el embajador iraní en ese país acaba de ser expulsado por su injerencia en los asuntos internos del país. El tercero es Irak donde medio país está harto de las manipulaciones iraníes para regir sus destinos. El cuarto es Kuwait pero casualmente también en ese país se descubrió una célula de espionaje iraní. Por otra parte, recuerda el articulista que los Emiratos Árabes Unidos difícilmente pueden ser considerados amigos de Irán cuando ese país ocupa islas que le pertenecen.
Del mismo modo, sostiene que el Egipto post Mubarak no puede ser considerado amigo del régimen de Teherán luego del escándalo del reportaje prefabricado con el nuevo presidente egipcio. Luego pregunta retóricamente: ¿Qué aliados le quedan a Teherán? ¿El Líbano que es rehén de las armas de Hezbolá? ¿O el Sudán cuyo jefe supremo preside la destrucción de su país?
Las conclusiones de Alhomayed son claras: el Irán khomeinista ha perdido pie en la mayor parte de los países árabes, desde Bahrein hasta el Mahgreb árabe. El término “árabes odiados” refleja los prejuicios raciales de Irán y demuestra que su política en la región ha fracasado quedando en evidencia como sectaria, racista y discriminatoria.
En otro artículo en el mismo diario, el columnista Hussein Shobokshi, analiza la influencia de los acontecimientos en su aliado más poderoso en el mundo árabe: Hassan Nasrallah, el líder shiíta y pro-cónsul iraní en el Líbano. En un artículo publicado el 30 de julio y titulado “Problemas para Nasrallah” escribe: “Algún día, el pueblo árabe cobrará conciencia de la dimensión del daño que le fue infligido por Hezbollah en general, y por Hassan Nasrallah en especial, sobre todo por su apoyo al régimen criminal de Damasco que comete atrocidades contra su propio pueblo que ni los peores asesinos hubieran soñado con cometer”.
Luego de analizar distintos aspectos del último discurso de Nasrallah, Shobokshi plantea la situación creada en el Líbano como consecuencia de la guerra civil en Siria y formula las siguientes consideraciones: “Hezbollah sabe muy bien que su alianza en el gobierno de Líbano es ahora tan frágil como una tela de araña. El poder de Najib Mikati, Walid Jumblatt y Michel Aoun se ha desgastado, sus argumentos se han debilitado y la realidad ha impactado personalmente a cada uno de ellos. Pero es Hassan Nasrallah quien habrá de sufrir más en la inminente caída de Assad, porque el régimen que lo suceda en Damasco tendrá hacia él una actitud de duda, sospecha y temor debido a su desesperada defensa del régimen asesino de Assad. La apuesta de Nasrallah por Assad no solo influyó sobre Hezbollah internamente, sino que causó el peor daño a la reputación del Partido en el seno de la secta shiíta desde la llegada de la revolución de Khomeini al poder en Irán. Ahora se ha creado una brecha entre Hezbollah, sus vecinos y sus contrarios de tal magnitud, que no podrá cerrarse”.
O dicho en otras palabras: se acerca el principio del fin al avasallamiento de la libertad del Líbano en nombre de la revolución islámica shiíta.